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lunes, 14 de marzo de 2011

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En la Palabra de Dios, encontramos el término “terremoto” quince veces y “terremotos” otras cuatro. Esa palabra ya de por sí nos asusta, ¿no? El aumento en el número y la intensidad de los terremotos en los últimos años debería servir para sacudir también el interior de los seres humanos, para que se librasen a tiempo de su inercia espiritual. Se estima que, cada año, ocurrirán cerca de 500 temblores en todo el mundo, y hay quienes hablan de hasta 1 millón de sismos de los cuales las personas llegan a percibir con sus sentidos 100 mil y, por lo menos, 1.000 causan daños.
En Japón ya se registró, en solo un fin de semana, una cadena de más de 200 terremotos de intensidad leve y moderada. Aunque muchos japoneses consideren estos hechos como una característica “normal” de su país, todos esos sismos y la actividad de los 86 volcanes del país son, a decir verdad, preludios de una catástrofe gigantesca que, al contrario de lo que hasta las personas serias y realistas imaginan, no está reservada a un futuro demasiado lejano. Esa situación de gran inseguridad ya fue predicha hace milenios a toda la humanidad. Son considerados grandes terremotos aquellos de magnitud igual o superior a los 6 grados de la escala actualizada. El terremoto de Kobe, en Japón, que tuvo lugar el 17 de enero de 1995 y que fue considerado “el peor de los últimos 70 años”, presentó una magnitud de 7,2 grados en la escala de Richter.

El de este viernes pasado, de magnitud 8.9 fue el séptimo peor de la historia, según la agencia norteamericana, y también el peor que se haya registrado en Japón. En todo el siglo XX, hasta mayo de 1997, ya habían ocurrido 96 terremotos grandes que provocaron la muerte de más de 2.150.000 personas. Cuando se analizan los terremotos de los últimos 2.000 años, se puede percibir con claridad que hasta el siglo XVI ocurrieron pocos o casi ningún terremoto. Fue a partir del siglo XVIII que el tema aumentó considerablemente.

En los siglos XIX y XX y ahora en el XI hubo una explosión de terremotos en varias partes del mundo, dando cumplimiento completo a la profecía de Jesús referente a la cercanía de su venida a este mundo. Realmente, estamos en el tiempo del fin; Mateo 24:7. Más allá de que haya aumentado la frecuencia, también se ve un crecimiento en la intensidad, algo que hasta otorgó una “fama” momentánea a alguno de los terremotos ocurridos con relación a la destrucción y número de muertes que causaron, como los de Guatemala (1 millón de afectados) y el de China (750 mil muertos) en 1976, el de México en 1985 y el de Japón en 1995. Por desgracia, también esas grandes catástrofes después de un tiempo terminan en el olvido, transformándose en meras curiosidades históricas. Jesús dijo: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra” (Lucas 21:25-35). Es el momento de reflexionar de manera profunda sobre todo lo que está sucediendo en nuestro planeta, aunque se debe hacer aún una mayor reflexión sobre la vida espiritual de cada uno. Si Jesús viniera hoy, ¿está usted preparado?  


Luis Gonçalves
Pastor evangelista de la Iglesia Adventista del Séptimo Día para ocho países de Sudamérica.

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