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martes, 5 de julio de 2011

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Una de las características de la Iglesia Adventista es su constante preocupación por la libertad religiosa y de expresión. Levantamos esa bandera no solo para defender nuestros derechos, sino también porque tenemos la convicción de que toda creencia religiosa merece respeto y libertad. Cada ser humano necesita tener el derecho de expresarse, de oír distintos puntos de vista sobre cualquier tema, para luego tomar sus propias decisiones.

Mantenemos esa visión viva porque esa es la expresión de la voluntad de Dios. Él le da libertad al ser humano para que elija entre el bien y el mal. Así fue desde el Edén. Si esta es la actitud de Dios, ¿no debería ser la nuestra también?

Esta actitud tiene un alto precio. Muchas veces sufrimos la oposición de otros movimientos religiosos que tienen otras creencias. Pero, esta es la realidad de la libertad de expresión. En otras situaciones, nos convertimos en el blanco de los prejuicios de los medios de comunicación que no entienden nuestro mensaje o nuestro punto de vista. Es el precio de la libertad.
En situaciones más extremas, algunos de nuestros miembros sufren la pérdida del trabajo o perjuicios escolares y académicos por causa de su fidelidad a la observancia del sábado. En estas situaciones, luchamos por la libertad de practicar nuestra fe, sin obligar a que otros piensen como nosotros. Eso demuestra nuestro respeto por la diversidad y, al mismo tiempo, revela nuestra lucha por la libertad.

Quien desea unirse a la iglesia lo hace con plena libertad. Luego de haber estudiado la Biblia, la persona es invitada a bautizarse, pero aceptamos una decisión positiva o negativa. De hecho, los números indican que una en cada cinco personas es bautizada, y respetamos esa decisión.
La iglesia tiene normas de procedimiento, descritas en el Manual de la iglesia, que solo se requieren de quien se ha unido voluntariamente a la iglesia y respeta nuestra visión bíblica. No aceptamos las imposiciones a creer, aceptar o defender, o a callarnos ante aquellas cosas que están en conflicto con la Biblia. Esas imposiciones anulan la libertad de creencia y de expresión, que son derechos de cada ciudadano y de cada cristiano. El consejo inspirado nos orienta a “interponer así la protesta más eficaz contra las medidas destinadas a restringir la libertad de conciencia” (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 152).
En algunos países de Sudamérica, cualquier cosa que se diga desde un punto de vista bíblico sobre la homosexualidad se considera homofobia y, como tal, es mal vista, criticada o, incluso, considerada un delito.

Tenemos una visión bíblica al respecto y no podemos abandonarla (Gén. 1:27; 2:24; Lev. 20:7-21; Rom. 1:24-27; 1 Cor. 6:9-11). Respetamos a las personas y las decisiones que puedan tomar, siempre que no busquen imponerlas sobre otras personas. Necesitamos reforzar los conceptos de respeto y libertad, pues son atributos fundamentales de Dios.
Si alguien se declara homosexual, por la razón que sea, necesitamos respetarlo, aunque bíblicamente no podamos concordar con él. No estar de acuerdo no quiere decir que no exista respeto, porque el respeto va dirigido a la persona, y no a la acción. Esta es la postura correcta para un cristiano y es compatible con el carácter de Dios.
Necesitamos preservar nuestro mensaje, nuestras iglesias y nuestras instituciones como lugares para personas que optan por vivir de acuerdo con la orientación bíblica. En ese contexto, buscamos la libertad y el respeto para buscar la voluntad de Dios respecto de todos los temas, incluido la homosexualidad.
Bajo el amparo de la libertad y el respeto, no podemos aceptar las imposiciones que buscar silenciar la Palabra de Dios. Al ser claros en contra de estas iniciativas, no lo haremos con manifestaciones públicas, pero siempre presentaremos nuestra postura y nuestra ideología.
La verdadera libertad es aquella que preserva conceptos, creencia y fe, pero que al mismo tiempo defiende el respeto a la vida, a la integridad y a la opinión. Oremos para que este y otros temas delicados nos ayuden a profundizar en el conocimiento de la fe, además de llamar la atención a quienes buscan, con sinceridad, la verdad. Finalmente, “todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 32).

Erton Köhler es el presidente de la División Sudamericana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

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